ANÉCDOTAS de Gelasio Pérez: Signapur, “Matador” Chávez lo noqueó; el Tsunami en Japón

#CDMX

En 1986, la Comisión de Box y Lucha Libre del Distrito Federal le entregó su licencia de réferi al ex boxeador Gelasio Pérez Huerta, con lo que se abría un capítulo más en la vida de aquel niño sin futuro que, a los 10 años, el trágico destino lo llevó a la Ciudad de México.

Desde ese año en el que México albergó el Mundial de Futbol México ’86 (quién no recuerda a la “Chiquitibum” Mar Castro, inspiración de muchos para consumir la cerveza Carta Blanca), Gelasio Pérez ha se ha mantenido activo, trabajando semana a semana en funciones de boxeo de diferentes partes, no solamente de México, sino DEL MUNDO.

Y en esas miles de funciones (imposible contabilizar el número de peleas en las que ha estado presente), surgen anécdotas, claro.

El hombre de la eterna sonrisa nos compartió tres:

CUATRO DÍAS EN SIGNAPUR…

2004: Convención del WBC. Pucket, Tailandia.

“”Llegué a una escala en Singapur, caminando con el Chepo Reynoso, el «Chololo» Larios y mi querido Beto Reyes cuando nos intercepta un policía y al azar me escogió para mostrarle mi pasaporte y visa. Se los mostré y los guardé en mi mochila, luego llegamos al hotel y ahí nos pidieron documentos y ¡gran sorpresa! Ya no los tenía. Entonces cometí el error de decir que los había perdido, cuando en realidad me los robaron cuando me dormí en el camión de traslado al hotel.

“Al siguiente día, mis cuates se fueron a Pucket y yo me quedé (en Singapur) a arreglar mi problema, que me salió costoso (por haber dicho que los perdí). Pero hay que aprovechar hasta nuestros errores o malas situaciones que nos llegan a suceder, ya que disfruté muchísimo los cuatro días de estancia en ese país desarrollado en todos los aspectos. Con paisajes, vegetación y seguridad, un ejemplo que podríamos aplicar en México y sentirnos orgullosos de ser mexicanos. Ojalá lleguemos algún día a ver ese milagro que ocurrió en Singapur, que también era corrupto y ahora es todo lo opuesto.

“Arreglé todo y me incorporé a la Convención, ya casi sólo para despedirme. A México llegó la noticia de lo que me había pasado, ojalá también hubieran llegado todas las maravillas de Singapur que se quedaron en mis retinas.

TSUNAMI EN TOKIO…

Marzo 11 de 2011. Tokio, Japón.

“Estaba bien feliz esperando que el 12 estaría refereando tres peleas de Campeonato Mundial Femenil del CMB. Después del pesaje nos invitaron a comer y una hora después me fui a caminar para conocer el Tren Bala, cuando de repente empezó a temblar tan fuerte que vi cómo toda la gente corrió hacia un camellón. Yo hice lo mismo y nos movía la tierra como si bailáramos rock and roll. Pasado el susto, primero me regresé al hotel a sentir aproximadamente más de 100 temblores. Era uno de los Tsunamis más fuertes que ha tenido el mundo que hasta cambió al eje de la Tierra.

“Ya nos habían pagado y por solidaridad los oficiales acordamos regresar el dinero. Regresamos a nuestros países sanos y salvos, pero muy asustados y más yo que estaba en el piso 25 del gran Hotel Tokyo Dome, famoso por hospedar a muchos deportistas.

“Dos meses después regresamos los mismos oficiales a Tokio a terminar lo que se quedó inconcluso”.

NOQUEARON AL RÉFERI…

Noviembre 15 de 1999. Ciudad de México.

Sucedió en la pelea de Jesús «matador» Chávez Vs. Adarryl Johnson. Chávez en la cúspide del round empezó a poner mal a Adarryl; cuando vi que ya podía llegar un golpe mortal, me metí entre ellos a defender a Johnson y fue todo tan rápido, que ese golpe lo recibí yo en el pómulo izquierdo. Me abrió y empecé a sentir que estaba sangrando, saqué fuerzas de quién sabe dónde y terminé parando la pelea, pero feliz por haber evitado ese mandarriazo al agredido. Después de alzar la mano del ganador Chávez, bajé a que me atendieran el corte, dándome como diez puntadas.

Al siguiente día, en el ESTO… en la portada salí con mi herida y como encabezado “Réferi noqueado”.

Y como estas tres, a sus 77 años Gelasio Pérez Huerta tiene miles de historias que contar. Su vida es una historia de superación personal en la que el protagonista nunca ha perdido la sonrisa, pese a que ha estado varias veces en la lona.

 

  • En la cámara (portada), Pepe Rodríguez.