GELASIO PÉREZ: de Arcelia a Tepito y de Tepito al mundo; a sus 77 años sigue activo como réferi

¿Cuántas historias existen de personas a las que el boxeo les cambió la vida? Muchas. Miles. Quizá millones en todo el planeta.

No siempre para bien, pero tampoco siempre para mal…

Como salvavidas, con su disciplina y sus valores, la práctica del pugilismo aparece para retorcer destinos. Rescata a quienes así lo desean, pero también hunde a personas sin voluntad que se dejan envolver por ese desequilibrio del éxito que desemboca en fatídicos excesos.

La de Gelasio Pérez Huerta es una historia digna de contar.

 

¿Quién, que sepa de box, no conoce al réferi de la eterna sonrisa, como lo han bautizado diferentes generaciones de cronistas boxísticos?

Pocos saben, sin embargo, detalles de su vida que recién nos contó el hombre-récord como réferi activo con más edad en el mundo.

Gelasio nació en el violento estado de Guerrero en 1941. El municipio de Arcelia lo vio crecer sus primeros 10 años, hasta que una desgracia familiar modificó en 180 grados su destino. También nos reveló cómo fue que ingresó al boxeo y que un error terminó por beneficiarle de manera tal que tuvo las herramientas para, junto con su primera esposa Victoria Dayán, convertir a sus hijos, Vicky y Alberto Gelasio Pérez Dayán, en MUY destacados profesionistas.

Hoy, el niño ese que no tenía futuro en Arcelia, conoce el mundo (Italia, Tailandia, Inglaterra, Japón, Alemania, El Salvador, Estados Unidos, Corea del Norte, Rusia, Panamá, entre otras naciones) gracias a su profesión de juez y réferi internacional.

Tiene 77 años de edad y sigue apareciendo en las funciones de box de la Ciudad de México como tercer hombre en el cuadrilátero. Su gran condición física le permite, incluso, referear una cartelera completa de 6 ó 7 peleas, sin descanso, en plazas de provincia.

Los lectores de …En Esta Esquina! seguro saben de qué hablamos, porque esta página es visitada por auténticos conocedores.

Pero “bebámonos” la historia de Gelasio, que orgulloso subraya que seis años ha recibido el premio Réferi del Año que entrega la ahora Comisión de Box de la Ciudad de México.

En el túnel del tiempo…

Recuerda que a los 10 años, un accidente le arrebató la vida a su padre, don Severo Pérez, en Guerrero. En los funerales, su tío Nicéforo Huerta, que viajó de la Ciudad de México a dar el último adiós a su cuñado y que sabía el terrible panorama que le esperaba a su hermana y cuatro sobrinos, propuso traerse al Gelasio a la capital del país.

“Es en lo que te puedo ayudar, será una boca menos para ti”, le dijo a doña Victoria Huerta.

Y así fue que Gelasio llegó a la calle Jardineros de la siempre peligrosa colonia Morelos. Entonces, a punta de golpes, el niño del que se burlaban por su acento guerrerense, aprendió que la ley de más hábil y el más fuerte se impone en un barrio bravo como Tepito.

Desde que arribó a la capital, don Nicéforo lo puso a vender ropa en Topilejo y el Ajusco. Cuando cumplió 16 años eligió la total independencia y, en La Lagunilla, conoció al mánager Andrés Herrera, con quien trabajó en una de las camiserías que abundaban entre República de Chile, Perú y Honduras.

Fue así como el destino llevó a Gelasio al gimnasio Gloria, donde aprendería los primeros secretos del box. Luego de tres años de amateur, llegó el ansiado debut y, más adelante, las bolsas de hasta ¡800 pesos!, una fortuna para esos tiempos.

Platica el longevo réferi que, cuando enfrentó a Memo Téllez, en la Arena Coliseo se encontraba el señor Luis Rivera, un funcionario del Departamento Central (hoy Gobierno de la Ciudad de México) y que después de la gran pelea que ofrecieron, le entregó su tarjeta y le pidió que lo visitara.

Así, sin imaginar el vuelco que tomaría su vida, Gelasio Pérez llegó a las oficinas de gobierno. La bendita confusión de un guardia lo llevó a encontrarse con el mismísimo Ernesto P. Uruchurtu, con quien tuvo una breve charla.

“Me preguntó qué me había pasado (presentaba las huellas de la reciente batalla). Le conté que era boxeador”, rememora. Fue hasta que llegó el empleado de más bajo rango, que la maraña se empezó a desenredar y, con ella, la tormentosa vida del joven que llegó de Guerrero.

“Me dijo: ‘¿qué haces aquí’? Le respondí que me preguntaron si yo era el boxeador (esperaban la visita del campeón mundial Vicente Saldívar), les dije que sí y me trajeron hasta acá”, precisa.

Esperaban a Saldívar… ¡bendita confusión!

Como si no se tratara de un episodio de décadas atrás, agrega que entonces el mandamás en el Distrito Federal le cuestionó que si tenía empleo. Gelasio le contestó que no y el Regente de Hierro le consiguió una plaza en Luz y Fuerza del Centro, empresa de poderoso sindicato que fue suplida por la hoy Comisión Federal de Electricidad.

Desde hace años, como otros ex púgiles, Gelasio Pérez Huerta goza de una pensión que le permite tomar al boxeo como su pasatiempo predilecto al lado de su segunda esposa, la jueza de box profesional Emilia Salgado Prado.

En sus 77 años de vida, Gelasio Pérez ha escuchado más de una vez la cuenta de 8, como ese negro capítulo que fue la muerte de su padre. Pero se levanta de la lona, se sacude la ropa, una fuerza poderosa le limpia los guantes y lo lleva al centro del ring para seguir tirando golpes.

-¿Has pensado en el retiro? -le soltamos.

Sereno, responde: “Yo me siento bien” -y así cierra la posibilidad de tirar la toalla.

“El éxito de mi trabajo es que en la mayoría de mis peleas he tomado las decisiones acertadas, justas. En el momento preciso detengo los combates y eso me ha dado fama de buen réferi. Pero lo que me sorprende es sentir que la gente me quiere y me echa porras. Eso no tengo con qué pagarlo”, confiesa.

Este fin de semana, Gelasio está invitado a Chiapas para participar en una función de box y ofrecer un seminario para aspirantes a oficiales de ring, tal y como lo promueve constantemente el Consejo Mundial de Boxeo.

Seguramente no es el único, pero sí es de los pocos hombres en el mundo que siguen impartiendo justicia sobre un ring más allá de las siete décadas. Casi ocho.

“Estoy feliz de seguir trabajando y disfrutar de las buenas pilas que Dios me dio, porque me siguen llamando y felicitando por mi trabajo. Si volviera a nacer, volvería a hacer lo mismo”, sella.

¿El secreto?: la perseverancia y disciplina, además de que Gelasio es de esos afortunados seres humanos a los que todo se les acomoda para que su vida se convierta en una historia de éxito.

Teníamos que contársela…

Como le contaremos también algunas de las peleas más importantes en las que ha participado, además de anécdotas que en estos años de impartir justicia en el ring le han tocado vivir al hombre de la eterna sonrisa.