¡Lana… lana… lanita!… Cuántas historias, de todo tipo, se tejieron en Génova 33

Después de 120 días de labores, este 15 de marzo de 2018 terminaron los trabajos de demolición del emblemático edificio de Génova 33, Zona Rosa, CDMX, en cuyo despacho 501 se tejieron mil historias, historias de todo tipo… Buenas, muy buenas y malas, muy malas.

Desde las benéficas, que tanto gustaban a don José Sulaimán. O las cientos de peleas (algunas legendarias, otras verdaderos fiascos) que se negociaron ahí, que se pactaron en esa oficina del rincón… Hasta las leyendas de tongos, revanchas inmediatas por polémicas decisiones, oscuras subastas para combates millonarios.

En agosto de 1986 recorrí por primera vez la glamorosa Zona Rosa desde la estación del Metro Insurgentes hasta el hoy inexistente edificio; claro tengo el momento en que vi el directorio en la planta baja del edificio y localicé: “WBC: despacho 501”. Ascendí los cinco pisos por el elevador… Ahí comenzó mi andar por el pugilismo rentado.

En el 501 estuvo siempre el escritorio de quien pasara cerca de 40 años de su vida entregado al pugilismo como presidente del, entonces sí, organismo número uno del boxeo mundial: José Sulaimán Chagnón, el tamaulipeco que se ganó a toda ley el adjetivo de “don”, aunque muchos lo llamaron también “Supermán” (porque él todo lo podía), o “San José” (por ese gran corazón que lo caracterizó); o en lugar de Sulaimán Chagnón le llamaban José Sulaimán Chingón…

Bueno, no existe más el edificio de Génova 33. Con él se van ,decía, mil recuerdos, mil leyendas…

Las exigencias del hoy convertido en el cronista más influyente del boxeo latinoamericano, Eduardo Lamazón, a sus subalternos porque no había con el entonces secretario ejecutivo del CMB, margen de error… Y es que a ese nivel también era exigido por José Sulaimán.

Las enseñanzas de Víctor Cota, el profesor… No se me olvida una tarde que nos pasamos horas enteras checando los Récord Book, porque, con JC  como referencia, se me ocurrió conocer quién tenía la marca de haber llegado a la conquista de un cetro mundial con más tiempo sin perder una sola pelea; únicamente apasionados al boxeo, como Lamazón y Cota, podían atender con tanta minuciosidad la inquietud de un novel reportero.

O bien las enseñanzas de don José, Cota y Lamazón, a Luis Medina, Abraham Ibarra, Emiliano Olivo, Hugo… (no recuerdo el apellido); o hasta las atenciones de la secretaria Lupita, de quien nunca conocí el apellido.

Entre 30 trabajadores retiraron este día, a marro en mano, los últimos tabiques que se mantenían del lugar aquél donde, cuentan en son de broma, nació el actual grito de guerra de ‘La Casa del Boxeo Azteca 7, sólo que en aquel entonces era: ¡¡¡“Lana… Lana… Lanita”!!!…

Hoy ya nada queda de ese primer CMB que conocí… Sólo la nostalgia.

¡Descanse en paz Génova 33!

A %d blogueros les gusta esto: