Las historias de doña Carmen Guerra y “La Maravilla” (no “La Policía”) Lucy Hernández

Una en el ring, otra debajo de él. Ambas, de barrios complicados. Este jueves estuvieron las dos en la Comisión de Box de la Ciudad de México con motivo del pesaje para la “Noche de Promesas 9”. Juntas, pero separadas. De contrastantes edades, sus historias también son diferentes, pero se entrelazan por el boxeo.

La señora Carmen Guerra era ama de casa en la colonia Morelos. Su esposo, Felipe Zavala, se hacía cargo de los gastos. En su última década de vida, el hombre se abrió paso en el box protegiendo los puños de los boxeadores dotándolos de gasas para el vendaje.

“Nunca pensé dedicarme a esto”, confiesa la señora, muy bajita de estatura ella. Cabello güero de acuerdo con color de piel. Labios pintados. Siempre bien arreglada.

Desde que el señor Zavala enfermó hace cerca de 10 años, ella debió hacerse cargo de los gastos. Platica que tomó un curso para cuidar a personas enfermas y a eso se dedicó algún tiempo, mientras su marido batallaba con la diabetes que terminó con sus pulmones y que finalmente lo llevó a la tumba.

“Lo atendimos en el Hospital General, porque no tenía seguro (Social). Era diabético y nunca quiso cuidarse”, lamenta.

Como algunas vez acompañaba a su esposo en su recorrido por gimnasios capitalinos y la Comisión de Box entonces aún del Distrito Federal, sobre todo cuando su mal ya estaba avanzado, Doña Carmen decidió tomar la estafeta.

Y así, sin más continuó comerciando gasas para vendajes. En los primeros meses no funcionó tanto porque los hombres de la toalla no comulgaban con la idea de ver a una mujer y no al señor Felipe. De cualquier forma, el negocio siguió. “Nunca me han faltado al respeto”, aclara.

Aunque ya no asiste a los gimnasios , sí se le ve siempre en las ceremonias de pesaje para las funciones que se celebran en la Ciudad de México. Y ha ampliado la oferta. Ahora además de gasas, también ofrece frascos de vaselina, tela adhesiva, tijeras y hasta protectores bucales.

“Me va más o menos. Tengo que mover el dinero, pero ahí voy”, dice. Y con alegría recuerda que cuando vienen extranjeros a pelear a la capital de México le compran y “a veces me pagan con dólares”.

LA MARAVILLA (NO LA POLICÍA) LUCY HERNÁNDEZ

Ella es Lucía Hernández. 27 años y vive en Chimalhuacán, Estado de México. Es boxeadora, pero también policía. Forma parte de la Policía Preventiva de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México. Se dedica a dar “instrucción, activación física y defensa policial a compañeros de policía preventiva, policía auxiliar y policía bancaria”.

Ella y su hermano Marco Erick heredaron de su papá, Marco Antonio Hernández Delgadillo, la afición por el boxeo y la profesión de policía. Delgadillo fue púgil amateur, lo mismo que Erick, quien sí debutó, pero ahora se dedica a dar clases en los gimnasios “Ponte los guantes, Neza” y “Ponte los guantes, Iztapalapa”, lo mismo que el iniciador de esta dinastía.

Y por ahí viene ya una tercera generación; Alondra Hernández, la hija del de nombre de telenovela, “Marco Erick”, ya pelea en el terreno amateur y presume una victoria sobre “La Niña de Oro”, Fanny Martínez.

Erick es abogado y Lucy -como se le conoce– es licenciada en Criminalística. Está terminando la Maestría en Ciencias Forenses, lo que le permitirá ascender al grado de Segundo Oficial.

A los promotores les gusta sacar provecho de su profesión y en su publicidad la llaman “La Policía” Hernández. Ella prefiere que le digan “La Maravilla”.

En la ceremonia de pesaje para la función que presentan este viernes Decisión Dividida y Chiquita Boxing en el Salón Villa Flamingos, a Lucy se le vio muy guapa. Subió a la báscula con sus enormes aretes en oro y rojo que contrastaban con su cabello negro, pero muy negro (negro oscuro, como dirían en son de choteo). Tampoco se despojó de las sandaleas.

Con todo y eso, apenas registró el límite minimosca: 49 kilos por 50.800 que registró su rival, Clara Alcántara. Pelearán a ocho rounds en pelea pactada en peso mosca, pero se nota a leguas que “La Maravilla” marca sin problemas la división paja.

Cuando se le pregunta a la policía, boxeadora, licenciada en Criminalística, futura Maestra en Ciencias Forenses y con aspiraciones al Doctorado en Derecho Penal (¡uff!) a qué aspira en el boxeo, con esa misma decisión que responde todas mañanas en el pase de lista:

“¡Quiero ser campeona del mundo!”…