“Noche de Promesas 9”: 4 horas de show con dos atracos; insólito… ¡una víctima es policía!

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Qué frustradas debieron bajar del ring Ángela Nolasco y Lucía Hernández, después de las controvertidas decisiones que las privaron de justas victorias en las peleas de respaldo de la función “Noche de Promesas 9”, que presentaron en copromoción Chiquita Boxing y Decisión Dividida la noche del viernes en el Salón Villa Flamingos de la colonia Portales.

“La Chiquita” Nolasco dominó una pelea que tuvo un final de película. Fueron seis rounds en los que dictó cátedra a una Nayeli Verde que no termina de madurar en su carrera. Ángela le enseñó cómo se impone la distancia, cómo se golpea abajo, el dominio del bending, del contrataque…

Pero en el sexo y último capítulo, Verde conectó una derecha que derribó a Nolasco. El réferi aplicó la cuenta de protección, la niña se levantó y en ese momento sonó la campana. De película, le digo. Van a las tarjetas que parecían de trámite, pero… dos jueces vieron ganar a Nayeli 58-56 y 57-56; el otro otorgó victoria a “La Chiquita” Nolasco por margen de 55-58.

Pero ahí no pararon los desaciertos. En el siguiente combate, con todo y que es policía, Lucy “La Maravilla” Hernández fue robada. El jurado, es cierto, tuvo como coartada un flojo inicio de la de Chimalhuacán que es licenciada en Criminalística -casi Maestra en Ciencias Forenses- y presta sus servicios en la Policía Preventiva de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México.

Las disparatadas tarjetas indicaron triunfo para “La China” Clara Alcántara por 78-74, 77-75 y, la más cercana a la realidad, 76-76. La combinación encendió a la afición y dejó el ring calientito para la pelea estelar.

Este par de decisiones provocaron la ira del público, que entre chiflidos y gritos de protesta, lanzando objetos al ring y aplausos de reconocimiento a Nolasco y Hernández, mostraron su inconformidad.

En la semifinal se vio la única mala pelea del programa. Adrián “Gallero” Pacheco noqueó en dos asaltos a Isaac Castán, que impresionó cuando llegó al ring pero, como buen veracruzano, se desinfló en el segundo asalto y cayó falsamente noqueado con gancho al hígado al minuto y 49 segundos. A nadie engañó con esa dizque molestia luego de que el réferi Alfredo Uruzquieta detuvo la pelea.

Por su lado, Karla Carmona no hizo quedar mal a un apellido de abolengo en el boxeo mexicano y se impuso por puntos (36-40, 37-39 y 37-39) a una preciosa Johanna Loukkannen Omaña que llegó al cuadrilátero mostrando a la Virgen de Guadalupe estampada en su playera.

Además de elegante, Karla se vio tan valiente como su tío Ernesto (qué peleón brindó ante el ya entonces excampeón mundial Miguel Ángel “Mago” González en la Plaza de Toros México, el ya lejano marzo de 2004). Karla es la primera Carmona boxeadora de una familia compuesta por 7 pugilistas: Javier (su papá), Ernesto (papá del prometedor Diego), César (progenitor de Severo) y Rubén son los iniciadores de la dinastía.

No hay que apresurarse. A Karla le falta aprender mucha técnica.

En el pleito inicial, Roberto Palomares cayó por decisión mayoritaria en cuatro rounds frente a Miguel Ángel Tlapaya, en peso mosca. Como dato curioso, apuntar que Palomares arrojó dos veces el protector en el round dos; la segunda ocasión recibió un potente derechazo y el protector voló y cruzó medio arena.

 

Entre el show de la mascota “Moncho”, las presentaciones de celebridades como el luchador Octagón, “Chiquita” González; otras no tanto, como Esaú Herrera, Rodrigo Mejía, Edwin Palomares y Luis Pascual, transcurrieron cuatro horas de show. Espectacular para los amantes del boxeo, pero malo si lo que se intenta es crear afición. Los tiempos muertos lo hicieron cansado y aburrido. Pero son las necesidades de la televisión, ni modo.

La última pelea, eso sí, fue espectacular. Duelo de inteligencia contra fuerza, aunque Eduardo Rizo también enseñó que su bending es casi perfecto. Valió la pena esperar. Gracias a todas y todos los combatientes por su entrega y honestidad.

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