#Nostalgia “Mantequilla” Nápoles: pegada, ritmo, cadencia, coordinación, habilidad… clase y señorío

(Don Fernando Gómez Arias, cronista deportivo de la vieja escuela, recopiló las colaboraciones que frecuentemente publicaba la sección deportiva de El Heraldo de México –dirigida con maestría por mi jefe, Aureliano López Martínez— en el libro “El Siglo del Deporte / Hechos y personajes”, que fue editado en abril de 2002.

Del ejemplar que amable y generosamente me dedicó y obsequió, rescato este texto. Habrá que decir que Don Fer vivió muy de cerca las trayectorias de los grandes boxeadores de aquellos tiempos).

“MANTEQUILLA” NÁPOLES: LA CLASE, EL SEÑORÍO…

José Ángel Nápoles nació en Cuba y en Cuba se hizo boxeador. Sin duda, es púgil de la escuela cubana de boxeo, con las características raciales y la excelencia técnica que le fueron básicas al puñado de boxeadores profesionales que después de la revolución encabezada por Fidel Castro, salieron a conquistar el mundo.

Nápoles fue el mejor de los boxeadores espléndidos salidos de Cuba, superior a Luis Manuel Rodríguez, Douglas Vaillant, Ultiminio Ramos, Benny “Kid” Paret, José Legrá, Robinson García y otros que asombraron por su clase, su formidable técnica, por sus aptitudes fuera de serie.

 

Lleno de facultades, muy bien adiestrado por “Kid Rapidez” y Cuco Conde, Nápoles fue un maravilloso peleador, tan bueno que alternaría en el mítico escalafón de los mejores pesos welter al lado de Ray Robinson, Ray “Sugar” Leonard y Roberto “Manos de Piedra” Durán.

¿Por qué incluirlo entre los mejores púgiles mexicanos? Porque José Ángel se hizo campeón cuando ya vivía en México, después de sostener aquí muchos combates. Si Nápoles llegó a disputar el título mundial welter fue porque, considerado como púgil de México, recibió la oportunidad del promotor George Parnassus. Sin ese impulso, es muy probable que José Ángel hubiera peleado por algún otro campeonato, pues ya como peso ligero destacaba por su clase y por su récord.

Pugilista señorial, casi perfecto, José Ángel atesoraba facultades in par: el pegue, el ritmo, la cadencia, la coordinación, la habilidad. Ejecutaba con perfección todos los golpes. Hacía gala de su dominio sobre el tiempo y la distancia. Su defensa era magistral, ayudado por su vista  y su capacidad para manejar cintura y cuello.

 José Ángel Nápoles nació el 13 de abril de 1940. Su primer combate en México fue el 21 de julio de 1962, frente a Enrique Camarena, al que opuso KO en dos rounds. Conquistó el título mundial welter el 15 de febrero de 1969, cuando derrotó a Curtis Cokes, en Los Ángeles. Sin duda, uno de los grandes monarcas de la división.

Nápoles pudo haber sido campeón mundial en varias divisiones. Lo eludían. Su oportunidad llegó cuando ya tenía ¡12 años en el ring! Defendió el título welter frente a púgiles de la talla de Ernie López, Emilie Griffith, Billy Backus, Roger Menetrey, Hegdemon Lewis, Clyde Gray, Adolph Pruitt. El 8 de febrero de 1974, entrado ya en declive, disputó al invicto Carlos Monzón el campeonato mundial de peso medio, en París. Fue noqueado en el sexto round, después de entrenar con las exuberantes bailarinas del Moline Rouge. Perdió el título en El Toreo de Cuatro Caminos frente al inglés John Stracey. Su retiro del pugilismo fue inmediato.

Para poner en contexto a los jóvenes lo que don Fernando Gómez Arias significó para el periodismo de México, habrá que decir que fue uno de los fundadores de La Afición que dirigió hasta su muerte el prestigiado Fray Nano Alejandro Aguilar Reyes; también fue parte del grupo que salió en 1965 para dar vida a El Heraldo de México, poseedor entonces de la mejor sección deportiva que se hacía en un diario de información general.

“No había en México un periódico del tamaño de Fernando Gómez y René Chambón”, me confesó hace algunos años el respetado historiador y decano de los reporteros de boxeo en México, don Víctor Cota León.