#NOSTALGIA: Rubén #Púas Olivares, el último gran ídolo

Pókar de Ases / Mexicanos en el #SalónDeLaFama de #Canastota, NY (III)

De Iguala para México y de México para el mundo. Es Rubén Olivares, el único “Púas” y último sobreviviente de los considerados auténticos ídolos con que ha contado el boxeo mexicano. Los otros, usted sabe, son Rodolfo “Chango” Casanova”, José “Toluco” López y Raúl “Ratón” Macías.

Antes de Julio César Chávez, nadie mejor que el “Púas” en el ring…

Olivares nació, como casi todos en el boxeo, en cuna pobre, allá en el agitado municipio guerrerense. Cuando con tino se decidió que el boxeo sería su manera de ganarse el pan, tuvo la fortuna de elegir a don Arturo “Cuyo” Hernández como manejador.

Olivares finalizó su carrera con 89 triunfos (77 por nocaut), 13 derrotas y 3 empates. Su racha de nocauts se encuentra entre las mejores del mundo: ligó 22 y 21 triunfos en fila por la irrefutable vía del cloroformo.

Aclamado por todos en México, Estados Unidos, Centro y Sudamérica, “El Púas” fue el último personaje boxístico del México arrabalero y sobre los cuadriláteros alcanzó la gloria que lo llevaría al cine y hasta la política.

Debutó a los 17 años y fue campeón del mundo a los 22, cuando, con marca invicta de 51 triunfos y 1 empate, noqueó en cinco asaltos a Lionel Rose, en el Fórum de Inglewood, California. Tras dos exitosas defensas, en una revancha el guanajuatense Chucho Castillo lo destronó mediante un nocaut técnico en 14 fragorosos episodios.

Y en el último enfrentamiento de esta sensacional trilogía, Olivares repetía triunfo sobre Castillo por decisión en 15 rounds, consolidándose el guerrerense como el consentido del boxeo latinoamericano.

Dos defensas más adelante, “El Púas” chocó con otro guanajuatense, boxeador de buenas hechuras y, sobre todo, disciplinado: Rafael Herrera, quien lo despojó, en marzo de 1972, de los títulos WBC y WBA. Ocho meses después, Rafael Herrera se impuso de nueva cuenta, en pelea fuera de campeonato.

Pero en 1974, el ya enfiestado Olivares ganaría su tercer título mundial, segundo en categoría diferente. En el mismo siempre abarrotado Fórum de Inglewood, noqueó en 7 episodios al japonés Zensuke Utagawa y se hizo monarca pluma de la WBA, pero en su primera defensa fue vencido por el fantástico nicaragüense  Alexis Argüello, a la postre tres veces campeón del mundo.

Sin embargo, su imán en taquilla le abrió las puertas al “Púas” para disputar y conquistar una vez una corona del mundo, mediante un espectacular nocaut en dos capítulos sobre Bobby Chacón, ahí mismo, en el inmueble que fue testigo de sus triunfos y fracasos: el Fórum de Inglewood. Apenas tres meses le duró el gusto, porque el africano David Kotey lo venció por decisión dividida en septiembre del mismo 1975.

Pero el “Púas” era ya boxeador bien querido. Simbolizaba al mexicano que salió de la nada para triunfar a lo grande en el box; dicharachero, borracho, alegre y fiestero; enfiestado como andaba, su carrera bajaba por el estrepitoso tobogán del fracaso.

Su última oportunidad titular, en julio de 1979, la perdió frente al panameño Eusebio Pedroza, por nocaut técnico en 12 episodios. Nueve años después se despidió en una noche triste en la arena México, en la que miles de personas lamentaron cuando el desconocido Ignacio Madrid (con pobre récord de 2 ganadas y 2 perdidas) lo aniquiló en cuatro rounds.

Su récord en peleas de campeonato del mundo es de 9 ganadas y 3 derrotas. “El Púas” reclama que lo anuncien como integrante del Salón de la Fama del Boxeo Internacional, en Canastota, Nueva York. En 1992, fue el primer mexicano en ingresar al Lecho de los Inmortales.

(En la siguiente entrega, Pipino Cuevas, el hidalguense del poder aniquilador)

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