#Nostalgia / Última noche de Gloria: tras De la Hoya, JC nunca más subió a un ring como campeón

  • Se cumplen 24 años de que surgió la frase: El mejor De la Hoya jamás la habría ganado al mejor JC / Pero aún le exprimirían hasta la última gota de su gloria.

Julio 6 de 1996.

Julio César Chávez llegó a Las Vegas repitiendo una de sus frases preferidas: “¡Me van a rebotar los chingadazos!”, exclamaba mientras se levantaba la playera y dejaba al descubierto un abdomen de roca, justo trabajado para que los golpes del joven pero ya triunfador Óscar de la Hoya no le hicieran daño.

De la Hoya llegaba al encuentro con dos campeonatos del mundo en sus vitrinas. El superpluma, que ganó apenas dos meses después de que JC sufriera su primera derrota en su pelea número 90. En ese mismo 1994 también había destronado a Jorge “Maromero” Páez para consagrase monarca ligero y bicampeón del mundo.

Esa noche del 6 de julio, pues, iba en busca de su tricampeonato. La multitud congregada en el estacionamiento del Caesars Palace de Las Vegas que se acondicionó como arena, sólo exclamó un interminable: ¡Ohhhh..! cuando en el cuarto episodio, sin que existiera un golpes de poder que la justificara, de la ceja izquierda del gran campeón mexicano empezó a escurrir centímetros cúbicos de sangre.

El doctor revisó la herida y le señaló al réferi puertorriqueño Joe Cortez que No más. La pelea terminaba. El joven de apenas 23 años y dos decenas de peleas seguía invicto y ya con tres coronas mundiales. Le había ganado a su ídolo.

Las historias que se tejieron entonces fueron increíbles. Que si los golpes del “Golden Boy” eran navajas capaces de abrir zanjas como la que presentaba la ceja de Chávez. Que no, que su hijo le provocó la cortada en una entrevista de televisión días antes del muy esperado encuentro.

Con el paso de los años, Julio César le confesó al reportero de ESPN, Salvador Rodríguez, que el corte se lo provocaron durante una sesión de sparring, pero que no quiso cancelar. Maquillaron la herida y, con complicidades, Chávez subió con herida fresca a jugarse el prestigio labrado a lo largo de 96 peleas (94-1-1 era su marca). Pasó lo que tenía que pasar.

Fue esa la última vez que el legendario Julio César subió a un cuadrilátero en calidad de campeón.

Tuvo más oportunidades de reconquistar. Los promotores exprimirían hasta la última gota de su gloria. Un empate con Miguel Ángel González (1998), nueva derrota (en peso welter) ante el “Golden Boy” (1999) y fue el australiano Kostya Tzyu (2000) el encargado de darle su despedida de las luminosas marquesinas.

Esa noche del 7 de julio de 1996 nació la frase que más adelante admitiría el propio “Golden Boy”: El mejor De la Hoya jamás le habría ganado al mejor Julio César Chávez…”.

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